Tenemos mucho que agradecer

Mae nunca imaginó que sus gemelos, que pasaron la primera parte de su vida en incubadoras, crecerían con tanta salud como lo han hecho.
Mae nunca imaginó que sus gemelos, que pasaron la primera parte de su vida en incubadoras, crecerían con tanta salud como lo han hecho.

A las 25 semanas de gestación, experimenté un desprendimiento de placenta y tuve que someterme a una cesárea de emergencia. Nuestros gemelos, Makenna y Andrew, nacieron con 15 semanas de antelación, el 11 de julio de 2009. Cuando Makenna vino al mundo pesaba 708,7 g (1 lb 9 oz) y medía 31,8 cm (12,5 pulgadas), mientras que Andrew pesaba 756,9 g (1 lb 10,7 oz) y medía 31,1 cm (12,25 pulgadas).

Makenna y Andrew se sometieron a un tipo de cirugía cardíaca común para los bebés prematuros y pasaron un tiempo bajo luces de bilirrubina debido a la ictericia. Ambos bebés utilizaron ventiladores, luego CPAP (presión positiva continua en las vías respiratorias) y, finalmente, una cánula nasal para recibir oxígeno suplementario.

Como resultado de haber nacido prematuros, los gemelos padecen retinopatía y enfermedad pulmonar crónica. Andrew tiene sordera parcial leve y también tenía una hemorragia intracraneal de grado 4 que, eventualmente, se resolvió con el tiempo.

Makenna vino a casa después de permanecer 110 días en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN) y en la unidad de cuidados progresivos (PCU), y Andrew vino poco después, tras una estadía de 125 días. Permaneció con oxígeno suplementario hasta mayo de 2011 y se le diagnosticó asma.

Hoy en día, mis gemelos tienen 2 años y medio de edad. Pese a que tienen leves retrasos del desarrollo, son activos y sanos en general. Si los conocieran, nunca sabrían cuánto han tenido que soportar en su corta vida. Nos sentimos afortunados y bendecidos por el personal médico y la tecnología médica que verdaderamente les dieron a nuestros bebés la oportunidad de luchar por su vida.

Al recordar nuestros días en la UCIN, tenemos mucho que agradecer. Nunca imaginé que mis hijos, que pasaron la primera parte de su vida en incubadoras conectados a monitores con su pequeño cuerpo cubierto de cables, crecerían con tanta salud como lo han hecho.

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